Diegui y Chinita con Cocca y Charly, con elementos de la marca Charco

CHARCO nace un domingo, mate de por medio, en el departamento que alquilamos. Nosotros —Chinita y Diegui—, nuestros perros Cocca y Charly, y esa sensación rara y linda de estar en paz. Ese momento nos llevó a una pregunta simple: ¿y si hacemos algo propio?

Siempre soñamos con una casa de té en el sur. No como un plan inmediato, sino como una raíz. Y al mirar hacia atrás empezaron a aparecer pedacitos de historias que son parte de nosotros.

El té de las cinco de la abuela Blanca, con tostadas y Pokemón en la tele. El té nocturno en la casa de mamá Monique, silencio, una pastafrola o bizcochuelo en el horno, y esa sensación de amor y protección. El té que hoy nos acompaña para frenar cuando el mundo corre y exige más.

Y estaba el mate. El “¿pongo la pava?” que te hace sentir en casa. El de la ronda, el de la vereda con amigos, el que va directo de la pava, a veces quemándote los dedos, pero nunca dejándote solo.

Todas esas memorias tenían algo en común: el ritual de compartir y sentirse bien. De eso estamos hechos y no nos queremos olvidar.

Por eso, de esas historias pequeñas pero profundas, y del amor incondicional que nos enseñaron Cocca y Charly, nació CHARCO.